La subjetividad dentro del proceso creativo



“Si no fuera un hecho de experiencia que los valores supremos residen en el Alma, la Psicología no me interesaría en lo más mínimo, ya que el Alma no sería entonces más que un miserable vapor. Yo sé, de todas formas, por cientos de experiencias, que no es nada de eso, pero por el contrario contiene los equivalentes de todo lo que ha sido formulado en el Dogma y mucho mas, lo cual es lo que le permite ser un ojo destinado a contener la luz. Esto requiere un rango ilimitado de insondable profundidad de visión”[1].

C. J. Jung

El conocimiento del hombre está comprendido por órdenes de carácter inminente al propio ser humano, y que van de la mano de su propio proceso y desarrollo dentro de un contexto que altera el recorrido de la valoración del sujeto hacia su exteriorización como fundamento, declaratoria o expresividad de la verdad.


La subjetividad dirige la validez de la verdad al sujeto que conoce y juzga de carácter individual, suele contener validez solo para el sujeto que lo juzga, pero cuando el contexto juega un papel importante en la alteración de dicha verdad, será que aportará una verdad supraindividual, una verdad universalmente válida.

La subjetividad inmanente al sujeto está plenamente vinculada a una interpretación que se realiza a través de la experiencia, ésta a su vez, está integrada por un conocimiento más allá de lo formal, un conocimiento de carácter significativo en el plano de lo emocional y trascendente, accesible de la forma más clara a la propia persona sujeto de la experiencia, de esta forma, el sujeto desarrolla una percepción particular a partir de la significación de la experiencia vivida.

En el orden de lo universal y con el papel preponderante del artista/creador, este adquiere una nueva conciencia, donde concibe su contexto y los alcances de un discurso de carácter emocional, dotando a la obra de un carácter activo y discursivo en distintos planos. Es entonces que la subjetividad del artista, emplea la subjetividad del espectador, cumpliendo con una relación didáctica entre ambos, donde la obra ejerce como mediadora de dicho discurso.


Detrás del sentimiento propio del artista y de la evocación visceral del mismo, hay ahora un espectador que da lectura a la obra en un plano más allá de la pura visualidad. Este acto reflexivo, es de suma importancia, un caso paradigmático de lo que hay implícito en el desarrollo cognitivo. Donde la experiencia va más allá de la formalidad y de un acto aislado, si no que se trastoca dicha acción al motivar una experiencia en el plano de lo emocional, con el fin de provocar un goce significativo.

El arte, entendido como acto creativo, tiene que ver más con la sinceridad de las emociones, más allá de la verdad en el plano del realismo y lo reconocible, o de un acto de moralidad, nos disponemos a apreciar un acto puro de expresividad.

El acto creativo es detonado por la condición del humano, partiendo de un acto interiorizado e inherente a la presencia o no, de una expresividad exteriorizada. Esta motivación que genera una detonación en el plano de lo emocional, es atendida en primera instancia por la subjetividad, obteniendo posteriormente respuestas en el orden de la razón y lo concreto, ligadas siempre a lo subjetivo. Esta motivación creativa de cualquier orden, inclusive de lo intangible, pasa al plano de lo consciente, buscando una solución o exteriorización de la respuesta hacia este detonante.

Arthur koestler (1959), distingue 3 fases que corresponden con los estados de conciencia dentro del proceso creativo.

Fase lógica: Sucede la formulación del problema, una primera búsqueda de soluciones.

Fase intuitiva: El problema toma un carácter autónomo, generando una nueva solución y la manifestación de la misma.

Fase crítica: Análisis de un descubrimiento, procediendo a la verificación de la validez del mismo.

Preparación, incubación, iluminación,y verificación, es parte concreta del estudio del proceso creativo, que va desde la pura percepción del problema, motivo de interés, detonante o estimulante al que está expuesto el humano a través del plano de lo subjetivo, intuitivo o emocional, pasando por un proceso donde el inconsciente resguarda ese detonante y hacia la busca de una solución o expresividad natural, impregnada de la propia cualidad personal del sujeto en sí.

Muchas veces este proceso es de carácter muy fluido, iluminado y natural, todo esto lleva al paso consciente, a la motivación llevada a ser el porqué de un estudio o trabajo de carácter formal donde intervenga el intelecto, es entonces que la disposición subjetiva, contiene el detonante creativo hacia la generación de un estudio formal, dotado de significado y trascendencia al provenir de un acto honesto y con la importancia de contener cualidades propias y únicas de la condición humana.

Es entonces que la subjetividad dentro del proceso creativo traduce el proceso generador de la obra pictórica.


Capitulo II

Lic. Mario Sánchez M

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