Abstracción. Un breve marco teórico.
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Por. Lic. Mario Sánchez M
A finales del siglo XIX con el trabajo de las corrientes del
Fauvismo, Cubismo, Futurismo, los planteamientos de Cezanne,
Gauguin, Van Gogh, etc, se crea el camino del planteamiento más
radical de forma de representación. La Pintura Abstracta, surge en
contraposición a la figuración descriptiva, dando un papel
preponderante a la forma y el color, postulando la libertad de
creación y el arte como un fin en sí mismo.
El creador abstracto, comprometido con el devenir de las
vanguardias y la ruptura con los modelos académicos que se venían
cuestionando con las distintas corrientes vanguardistas, ataca a la
figuración y se desprende de ella, dando mayor importancia a la
pintura en sí misma, y al proceso generado por el artista hacia el
detonante emotivo que le lleva al trabajo pictórico.
La abstracción cumpliría con un proceso desde la función
expresiva y simbólica de los colores y el ritmo producido por la
relación entre estos y la manifestación de emociones, hasta el
trabajo metódico y ordenado de la forma y el color en un ritmo
estricto, pero alejados de las condicionantes miméticas de la forma.

Kandinsky, Composición VII. 1913. Oleo sobre lienzo. 195 x 300 cm.
El creador no evocaría ningún reflejo de la realidad que se observa,
renunciando a reproducir en el arte imágenes típicas de personas y
acontecimientos como referencia, sustituyendo la representación de
la belleza y dramatismo idealizado, por la expresión de la realidad
espiritual, intuitiva, a través en mucho, del peso del inconsciente
del ser humano.
Es entonces que la culminación de la crítica de aspectos formales
académicos, y de ideales modernistas poco asimilados en contextos
particulares, en el orden social y cultural de cada uno de ellos,
llevaría al creador a incluir el aspecto humano y crítico hacia una
obra fuera de las limitaciones o directrices de cualquier estructura
formal, y lejana a las condiciones propias del contexto. Llevando a
cabo un proceso de orden subjetivo y un estudio a través de la
técnica pictórica, no solo en la generación de imágenes, sino en el
cuidado de lo que estos provocan y generan en el orden de lo
emocional, siendo este de carácter atemporal y libre en el plano de
lo creativo y de la percepción.

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